El retorno de la inversión en sostenibilidad: ¡ya está aquí!
En el sector agrícola persiste una idea preconcebida: que el MRV es, ante todo, una carga administrativa impuesta por marcos normativos como la CSRD o las normas voluntarias sobre el carbono.
Las implementaciones sobre el terreno demuestran lo contrario. Las infraestructuras digitales de MRV generan un retorno de la inversión cuantificable en toda la cadena de valor agrícola, al reducir los costes operativos, permitir el aprovechamiento de los beneficios agronómicos y reforzar la resiliencia estratégica de los sectores.
Este artículo se basa en estudios independientes realizados por importantes consultoras, combinados con datos procedentes de implementaciones operativas en Europa. Se articula en torno a tres perspectivas complementarias:
- un RSI* operativo a corto plazo,
- un RSI* económico a medio plazo,
- un RSI* estratégico a largo plazo.
CONTENIDO
Antes que nada: ¿qué es el MRV y de qué datos estamos hablando?
1. RSI operativo: reducir el coste de los datos de sostenibilidad
a) El problema estructural de la fragmentación de la información
b) Una constatación ampliamente documentada más allá de la agricultura
c) Lo que cambia un MRV digital
d) Los beneficios medidos sobre el terreno
e) El efecto de escala: un argumento de peso para las cooperativas
2. RSI económica: liberar el valor de las prácticas agrícolas sostenibles
a) Beneficios agronómicos reales, pero invisibles sin medición
b) La paradoja central de la transición: beneficios reales pero invisibles
c) El RSI específico del MRV: transformar los beneficios invisibles en valor económico
3. RSI estratégica: garantizar la seguridad de las cadenas de suministro y los mercados
a) Una exposición sin precedentes a los riesgos sistémicos
b) De la optimización a la solidez
c) Las señales del mercado convergen
d) Un reposicionamiento estratégico para las cooperativas
4. ¿Qué hay del retroceso de la CSRD? Lo que cambia el paquete Ómnibus — y lo que no cambia
a) Lo que el Omnibus no cambia
b) Lo que el Omnibus revela, de forma implícita
Antes que nada: ¿qué es el MRV y de qué datos estamos hablando?
MRV son las siglas de Monitoring, Reporting, Verification, es decir, en español: medir, informar y verificar. Se refiere al conjunto de procesos que permiten recopilar datos sobre las prácticas agrícolas, transformarlos en indicadores estandarizados y garantizar su fiabilidad ante terceros (compradores, auditores, financiadores, reguladores).
Los datos sobre sostenibilidad agrícola abarcan tres dimensiones complementarias:
- Datos agronómicos
Por ejemplo: rendimientos, salud del suelo, biodiversidad, gestión del agua, prácticas de cultivo (cultivos de cobertura, rotaciones, labranza, etc.) - Datos medioambientales
Por ejemplo: emisiones de gases de efecto invernadero, secuestro de carbono, balance de nitrógeno, uso
de insumos - Datos socioeconómicos
Por ejemplo: ingresos agrícolas, carga de trabajo, viabilidad de las explotaciones, condiciones laborales
Históricamente, estos datos se recopilaban de forma fragmentada, declarativa y e
e difícil de verificar. El MRV digital (dMRV) cambia las reglas del juego al interconectar las fuentes de e
es existentes —herramientas de gestión agrícola (gestión parcelaria), datos de maquinaria (tractores, cosechadoras, etc.), observaciones sobre el terreno, declaraciones de la PAC— para generar indicadores sólidos, trazables y comparables, sin aumentar la carga administrativa de los agricultores.
Estructura piramidal MRV
Esta pirámide ilustra la lógica del dMRV: los datos brutos del terreno se recogen en la base, se transforman en indicadores en el nivel intermedio y se ponen a disposición de los responsables de la toma de decisiones en la cúspide —agricultores, asesores, cooperativas e industriales—, cada uno según su nivel de comprensión.
1. RSI operativo: reducir el coste de los datos de sostenibilidad
a) El problema estructural de la fragmentación de la presentación de informes
La primera ventaja de un MRV digital es inmediata: reducir la carga que supone la recopilación, la consolidación y la presentación de informes sobre datos de sostenibilidad.
Durante mucho tiempo, la elaboración de informes agrícolas se ha basado en procesos fragmentados: hojas de cálculo, encuestas y múltiples bases de datos inconexas. Estos sistemas presentan tres defectos estructurales que a menudo se subestiman.
- Un alto coste humano. Cada campaña de recopilación de datos moviliza a los asesores sobre el terreno para tareas de introducción y consolidación de datos que no aportan ningún valor añadido desde el punto de vista agronómico. Este tiempo es aún más valioso si se tiene en cuenta que los equipos de asesoramiento suelen estar sometidos a una gran presión.
- Riesgo de error sistémico. Cuando los datos se transmiten mediante hojas de cálculo manuales entre el terreno y la sede, se acumulan los errores de introducción de datos, las duplicaciones y las incoherencias. Es difícil garantizar la fiabilidad de los indicadores generados, y aún más difícil auditarlos.
- Imposibilidad de escalar. Un proceso manual que funciona en 50 explotaciones se vuelve inmanejable en 500 y imposible en 5 000. Sin embargo, la transición agrícola no puede gestionarse a escala de un proyecto piloto.
Reducir el coste de la sostenibilidad
b) Una constatación ampliamente documentada más allá del ámbito agrícola
No es una situación exclusiva de los sectores agrícolas. Un estudio comparativo de KPMG (2025) sobre 51 proyectos de CSRD en 14 sectores revela que el 65 % de las empresas declaran tener grandes dificultades para recopilar datos antes de elaborar sus informes de sostenibilidad, que el 71 % sigue utilizando soluciones ofimáticas tradicionales y que solo el 24 % ha adoptado herramientas digitales específicas.⁹
En términos financieros, el cumplimiento de la CSRD supone un presupuesto medio de entre 50 000 y 200 000 euros por empresa —que puede superar los 600 000 euros en el caso de las más grandes—, con una carga de trabajo adicional estimada de entre 1 y 2 equivalentes a tiempo completo para dos tercios de las organizaciones afectadas.¹⁰
La elaboración de informes de sostenibilidad sin herramientas adecuadas ya resulta muy costosa. El MRV no supone un coste adicional: es la racionalización de un gasto ya incurrido, con una fiabilidad incomparablemente superior.
c) Qué cambia un MRV digital
d) Las ganancias registradas sobre el terreno
En un programa mundial de sostenibilidad agrícola impulsado por un gran grupo de bienes de consumo, los asesores ahorraron tres horas por explotación en la recopilación de datos, mientras que los equipos de sostenibilidad de la sede central recuperaron 40 horas de trabajo en la consolidación y el análisis.¹
En el marco de un programa de reducción de emisiones de carbono destinado a los proveedores agrícolas de un gran grupo cervecero europeo, estos han ahorrado hasta dos días de trabajo en la elaboración de sus informes de sostenibilidad.¹
Estos ejemplos confirman una realidad que a menudo se pasa por alto: el coste de no aplicar el MRV es muy superior al coste del MRV —en horas perdidas, en riesgo de errores y en vulnerabilidad ante las auditorías—.
e) El efecto de escala: un argumento de peso a favor de las cooperativas
Una gran cooperativa azucarera europea ha calculado las emisiones Scope 3 toda su red: más de 9 000 agricultores y 160 000 hectáreas de cultivos.¹ Gracias a una interfaz diseñada para minimizar la carga de introducción de datos, cada agricultor proporcionó los datos necesarios en unos 15 minutos. En relación con el conjunto de la red, se trata de un volumen de datos que habría supuesto varios años-hombre de trabajo con un enfoque manual tradicional.
Al reducir la complejidad de la presentación de informes y mejorar al mismo tiempo la fiabilidad de los datos, el MRV transforma la sostenibilidad: de ser una carga recurrente, pasa a convertirse en una herramienta para impulsar la productividad de los equipos de RSE, los asesores sobre el terreno y los propios agricultores.
2. RSI económica: aprovechar el valor de las prácticas agrícolas sostenibles
a) Beneficios agronómicos reales, pero invisibles si no se miden
Antes de abordar el RSI del MRV en sí mismo, es necesario distinguir entre dos conceptos que a menudo se confunden.
Las prácticas agrícolas sostenibles y regenerativas —cubiertas vegetales, reducción del e
l laboreo del suelo, rotaciones diversificadas— generan beneficios agronómicos y económicos documentados
. Estos beneficios existen independientemente de cualquier herramienta digital: son el resultado del cambio de prácticas del agricultor y le pertenecen, independientemente de si dispone de un MRV o no.
Varios estudios independientes lo confirman. Un estudio de McKinsey & Company (2024) estima que los agricultores que adoptan prácticas regenerativas pueden obtener ganancias netas de entre 50 y 150 €/ha/año en un horizonte de diez años, como resultado de una combinación de reducciones en los insumos, mejora de la fertilidad del suelo y mayor resiliencia ante las incertidumbres climáticas.²
Un estudio de PwC Alemania/Klim (2025), realizado en una explotación cerealista alemana a lo largo de varios años, muestra que las prácticas regenerativas pueden aumentar el rendimiento del trigo en un 7 % y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 30 % al mismo tiempo.³
Estos resultados son reales y significativos. Pero plantean una cuestión fundamental: ¿qué pasa si nadie puede demostrarlos?
b) La paradoja central de la transición: avances reales, pero invisibles
Esta es la paradoja estructural en la que se encuentran hoy en día muchos sectores. Las prácticas sostenibles mejoran la salud de los suelos, reducen los insumos y refuerzan la resiliencia climática, pero estos efectos positivos se pierden en la media de los indicadores sectoriales, ocultos entre datos genéricos que no distinguen a un agricultor en transición de uno convencional.
Agricultura regenerativa y prácticas sostenibles
No se trata de una hipótesis teórica: así lo confirman los propios actores. Según una encuesta realizada por la SBTi entre empresas comprometidas con iniciativas de descarbonización, el 85 % de ellas afirma que el acceso a datos fiables constituye el principal obstáculo para establecer una base de referencia sólida, con dificultades especialmente marcadas a la hora de obtener indicadores específicos de los proveedores agrícolas.¹¹
Sin datos primarios a nivel de explotación, es imposible validar sus objetivos climáticos, ni demostrar los avances logrados.
Resultado: los agricultores que modifican sus prácticas no reciben una señal de precios diferenciada. Las cooperativas no pueden valorizar sus compromisos ante los eslabones posteriores de la cadena de suministro. Las empresas industriales no pueden dar credibilidad a sus trayectorias Scope 3. El valor creado sobre el terreno sigue siendo invisible —y, por lo tanto, no se remunera—.
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c) El RSI específico del MRV: convertir las ganancias invisibles en valor económico
Ahí radica el valor añadido propio del MRV. Su función no es generar beneficios agronómicos: es el agricultor quien los genera con sus prácticas. La función del MRV es hacerlos medibles, trazables y auditables, y así sentar las bases para su valorización económica.
En concreto, con un MRV sólido entran en funcionamiento cuatro mecanismos de valoración:
1. Las primas diferenciadas por sector. Las cooperativas y los industriales pueden estructurar contratos de compra que recompensen el rendimiento medioambiental demostrado —y no ya las certificaciones genéricas o las declaraciones de intenciones—. Se trata de una herramienta para fidelizar a los productores eficientes y lograr una diferenciación comercial en la fase de transformación.
2. Los créditos de carbono certificados. Los mercados voluntarios de carbono remuneran el secuestro en los suelos y la reducción de las emisiones agrícolas, pero solo si estos resultados se acreditan mediante un sistema de MRV que cumpla con los estándares reconocidos (Label Bas-Carbone en Francia, Verra o Gold Standard a nivel internacional). Sin MRV, no hay créditos. Con MRV, cada tonelada de CO₂ secuestrada se convierte en una fuente de ingresos complementarios, en un mercado cuyo creciente interés queda patente en el Barómetro Europeo de Carbon Farming 2025.⁵
3. Los contratos basados en el rendimiento. Algunas cadenas de suministro pioneras están empezando a vincular una parte de la remuneración a indicadores de rendimiento medioambiental verificados, lo que allana el camino hacia un modelo en el que los datos generados por el agricultor se convierten en un activo económico por derecho propio.
4. El acceso a la financiación verde. Una dinámica emergente pero determinante: los préstamos vinculados a la sostenibilidad —préstamos cuyo tipo de interés depende del cumplimiento de indicadores clave de rendimiento (KPI) medioambientales— representan ya más del 70 % de los préstamos sostenibles en dólares emitidos entre 2020 y 2024.¹² Este mecanismo se está extendiendo progresivamente a la agricultura: en abril de 2025, la Climate Bonds Initiative publicó un marco dedicado a la transición agroalimentaria, que ya está inspirando a cooperativas agrícolas —como la cooperativa sueca Lantmännen— a emitir bonos verdes respaldados por indicadores de rendimiento medioambiental verificados.¹³
Para las cooperativas, el MRV representa, por tanto, una oportunidad directa: estructurar
ofertas comerciales diferenciadas, respaldadas por pruebas sobre el terreno, y reposicionar
su papel en la cadena de valor —ya no como simples recolectores, sino como garantes del rendimiento sostenible de sus miembros y facilitadores del acceso a nuevas fuentes de financiación.
3. RSI estratégica: garantizar la seguridad de las cadenas de suministro y los mercados
a) Una exposición sin precedentes a los riesgos sistémicos
La ventaja más relevante del MRV se manifiesta a largo plazo. Los sectores agrícolas se enfrentan a riesgos crecientes y simultáneos: variabilidad climática, presión sobre los recursos, endurecimiento de la normativa y mayores exigencias por parte de los inversores y los clientes.
La importancia de la MRV para los sectores y los mercados.
En el ámbito normativo, la presión se intensifica en varios frentes. La CSRD obliga progresivamente a las grandes empresas a publicar datos verificados sobre el impacto de sus cadenas de suministro agrícolas, con requisitos de detalle y auditabilidad que hacen insostenible la mera presentación de informes.⁴ El marco SBTi FLAG, obligatorio desde 2023 para todas las empresas agroalimentarias que deseen presentar objetivos climáticos reconocidos, exige ahora una verificación por terceros de los datos de referencia y prevé auditorías sorpresa entre los ciclos de presentación de informes.¹¹ Estos dos marcos convergen hacia una misma realidad: sin datos agrícolas primarios fiables, los compromisos de las cadenas de suministro ya no pueden validarse.
En lo que respecta a la reputación, en un contexto de desconfianza generalizada hacia el «greenwashing», la credibilidad de los compromisos de sostenibilidad se convierte en un activo diferenciador —o en un lastre catastrófico en caso de que haya discrepancias entre las declaraciones y la realidad sobre el terreno.
b) De la optimización a la robustez
Ante estos riesgos acumulados, los trabajos de Olivier Hamant (INRAE) aportan un marco de análisis estructurador. Sus investigaciones muestran que, en entornos sometidos a perturbaciones repetidas e imprevisibles, lo que está en juego ya no es la optimización permanente del rendimiento, sino la capacidad de seguir funcionando a pesar de las perturbaciones⁶ —lo que él denomina «robustez».
Aplicado a las cadenas de valor agrícolas, este marco invierte las prioridades. El objetivo no debería ser maximizar el rendimiento medio o minimizar los costes a corto plazo, sino garantizar la capacidad de producción a largo plazo. El MRV se convierte en el instrumento de gestión de esta solidez: permite pasar de una gestión basada en medias —que ocultan las vulnerabilidades— a una gestión de los suministros basada en datos individuales, verificados y actualizados.
c) Las señales del mercado convergen
Un informe de Deloitte (2024), elaborado en colaboración con el Center for Sustainable Business de la NYU a partir de una encuesta realizada a 350 directivos del sector agroalimentario, muestra que el 99 % de las empresas que han estructurado sus iniciativas de sostenibilidad más allá de la mera declaración de intenciones han registrado un crecimiento de sus ingresos, y el 98 % han reducido sus costes operativos.⁷ Estas cifras deben interpretarse con cautela: reflejan en parte un efecto de selección —las empresas que invierten seriamente en sostenibilidad son también las que gestionan mejor el conjunto de sus actividades—. No obstante, señalan una fuerte correlación entre la madurez en la gestión y el rendimiento económico.
Los trabajos del Forum for the Future (2023) señalan que los marcos de medición compartidos entre los distintos actores son uno de los factores clave para la ampliación de la agricultura regenerativa.⁸ No es que falte buena voluntad, sino que se carece de una infraestructura común de medición y verificación que permita armonizar las decisiones y las inversiones.
d) Un reposicionamiento estratégico para las cooperativas
Para las cooperativas, el reto estratégico es especialmente delicado. Ocupan una posición clave en la cadena de valor: por un lado, están en contacto directo con los agricultores; por otro, se ven sometidas a una presión cada vez mayor por parte de los industriales y los distribuidores.
Contar con un sistema de verificación y seguimiento (MRV) sólido significa poder ofrecer a los socios de la cadena de suministro garantías de trazabilidad y rendimiento que los sistemas declarativos ya no pueden ofrecer. También significa poder ofrecer a sus socios servicios de valor añadido —informes individualizados, acceso a los mercados de carbono, asesoramiento para la obtención de contratos diferenciados y financiación verde— que refuerzan el compromiso con la cooperativa
en un contexto de creciente competencia.
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4. ¿Qué hay del retroceso de la CSRD? Lo que cambia y lo que no cambia con el paquete Ómnibus
Es difícil abordar el retorno de la inversión estratégico del MRV sin mencionar el elefante en la habitación: el paquete Ómnibus aprobado en abril de 2025, que aplaza dos años las obligaciones de la CSRD para las fases 2 y 3, excluye a alrededor del 80 % de las empresas inicialmente afectadas al elevar el umbral a 1 000 empleados y reduce los datos obligatorios de 1 200 a 320.
Norma CSRD
Para los actores cuyo despliegue de un MRV se basaba principalmente en la obligación normativa como principal motor, esto supone una clara señal de desaceleración. Sería engañoso negarlo.
Pero sería igualmente erróneo concluir que la presión sobre los sectores agrícolas desaparece con Bruselas.
a) Lo que Omnibus no cambia
Las grandes empresas de la primera oleada —multinacionales agroalimentarias, grupos industriales que cotizan en bolsa y grandes cooperativas que superan el umbral— ya forman parte del sistema y no tienen intención de abandonarlo. Sus compromisos con la SBTi, sus obligaciones frente a los inversores institucionales y sus contratos con los distribuidores internacionales mantienen una presión independiente del calendario normativo europeo.
Por su parte, el marco SBTi FLAG es una norma voluntaria privada: no se ha visto afectado por Omnibus, y sus requisitos de verificación de los datos agrícolas por parte de terceros siguen siendo obligatorios para todas las empresas comprometidas con objetivos climáticos validados —lo que supone, en la actualidad, más de 10 000 empresas en todo el mundo.¹¹
La presión del mercado, al fin y al cabo, no desaparece con la normativa. Una empresa industrial que haya asumido compromisos públicos de descarbonización Scope 3 exigiendo datos a sus proveedores y cooperativas asociadas, haya o no un texto legal que lo exija. La cadena de responsabilidad se extiende hacia abajo incluso cuando la obligación formal se impone hacia arriba.
b) Lo que Omnibus revela, de forma implícita
El retroceso normativo tiene, en realidad, un efecto paradójico: distingue a los sectores serios de aquellos que esperaban a que se impusieran restricciones para actuar. Cuando todo el mundo tenía que cumplir, el MRV era un requisito básico. Cuando la obligación se suaviza, se convierte en una señal de posicionamiento estratégico: el de aquellas organizaciones que han comprendido que la sostenibilidad basada en datos no es una respuesta a la normativa, sino una condición para su competitividad a diez años vista.
Por lo tanto, la verdadera pregunta que plantea Omnibus no es: «¿Debemos seguir invirtiendo en un MRV?», sino: «¿Cuáles de nuestros sectores competidores aprovecharán este respiro para ampliar la ventaja?».
5. En resumen
El MRV no genera valor agronómico: es el agricultor quien lo genera con sus prácticas.
El MRV crea las condiciones para que ese valor sea reconocido, demostrado y remunerado, tanto para los sectores como para los agricultores, que son su motor operativo.
Los tres horizontes del RSI no son tres argumentos distintos. Forman una cadena coherente en la que cada nivel refuerza al siguiente: los beneficios operativos liberan recursos, lo que permite invertir en la medición, lo que da credibilidad a los compromisos estratégicos y abre el acceso a nuevos mercados y financiación.
Es esta lógica acumulativa —y no solo la obligación normativa— la que convierte al MRV no en una herramienta de información más, sino en una infraestructura de transición. Una infraestructura que los sectores con visión de futuro no se ven obligados a aceptar: la eligen.
Nota metodológica
Los casos de uso mencionados en este artículo proceden de proyectos llevados a cabo por MyEasyFarm, una plataforma europea de MRV agrícola, en colaboración con cooperativas y grupos agroalimentarios internacionales. Los nombres de los clientes se han anonimizado; las cifras corresponden a mediciones recopiladas en el marco de implementaciones operativas entre 2021 y 2025. Renaud Loesel es consultor asociado de MyEasyFarm en cuestiones de estrategia de MRV y transición agrícola.
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Notas y referencias
¹ Datos procedentes de implementaciones de MyEasyFarm (2021-2025) — casos de clientes anonimizados.
² McKinsey & Company (diciembre de 2024). Revitalizing Fields and Balance Sheets through Regenerative Farming. Estimación relativa a explotaciones de cultivos extensivos en Estados Unidos (maíz, soja); orden de magnitud extrapolable a Europa con ajustes según el contexto edafoclimático.
³ PwC Alemania y Klim (enero de 2025). Practical Guide to Regenerative Agriculture. Estudio plurianual realizado en una explotación cerealista alemana.
⁴ Comisión Europea — Directiva CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive), entrada en vigor progresiva entre 2024 y 2028. Paquete Ómnibus adoptado en abril de 2025: aplazamiento de 2 años para las fases 2 y 3, umbral elevado a 1000 empleados, reducción a 320 puntos de datos obligatorios.
⁵ Climate Agriculture Alliance & GreenFlex (febrero de 2025). European Carbon Farming Barometer.
⁶ Hamant, O. (2022). La Troisième Voie du Vivant. Odile Jacob.
⁷ Deloitte & NYU Stern Center for Sustainable Business (marzo de 2024). Unleashing Sustainable Value in Food & Agriculture. Encuesta a 350 directivos de empresas agroalimentarias que han puesto en marcha iniciativas de sostenibilidad estructuradas.
⁸ Forum for the Future (2023). Scaling Regenerative Agriculture in the UK: Accelerating Change through Collaboration.
⁹ KPMG France (2025). Benchmark sobre los proyectos CSRD — Experiencia adquirida en 51 proyectos CSRD, 14 sectores.
¹⁰ Collège des Directeurs Développement Durable — C3D (2024). Encuesta sobre los costes y recursos movilizados para el cumplimiento de la CSRD, citada en Youmatter (2024).
¹¹ Iniciativa de Objetivos Basados en la Ciencia — SBTi FLAG Guidance (2023) y Corporate Net-Zero Standard V2 (borrador, 2025–2026). Encuesta de SBTi sobre los obstáculos a la descarbonización de las cadenas de valor agrícolas: el 85 % de las empresas citan la falta de datos fiables como principal obstáculo.
¹² Environmental Finance (2024–2025). Porcentaje de préstamos vinculados a la sostenibilidad en el mercado de préstamos sostenibles en USD (2020–2024).
¹³ Climate Bonds Initiative (abril de 2025). Marco de Transición Agroalimentaria. Véase también: Marco de Bonos Verdes de Lantmännen (marzo de 2024) y Marco de Bonos Verdes de Landshypotek (septiembre de 2025).




